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Startups Camello: el fin de los Unicornios - Juan Carlos Abaunza
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Startups Camello: el fin de los Unicornios

Vivimos en una época en que emprender se vuelve posible o interesante si y solo si, un fondo te invierte, o si hay opción de venta en los primeros meses o años del negocio, o si es la idea más brillante, más innovadora, la más disruptiva. Hace mucho criticaba la tendencia de “todos queriendo emprender” porque más parecía una salida a la vagancia y mediocridad de unos tantos, que a un deseo real de transformar la sociedad con un producto/servicio nuevo en el mercado.

Contrario a lo que muchos piensan, hay otra manera, en la que la disciplina, la resiliencia y una fuerte convicción serán necesarias para alcanzar los objetivos propuestos, trascender en este mundo.

El ecosistema de emprendimientos y de “Startups” se ha desdibujado con los fondos de inversión, que antes que interesados en potenciar dichos emprendimientos, parecían “ricos aburridos” con dinero al desborde cuyo propósito se veía como el de poner en una pescera de adulaciones al equipo fundador, a los DUEÑOS del negocio, del sueño y de la idea, lo que ahora en lenguajes sofisticados son “Founders” (léase con una papa caliente en la boca como decimos en Colombia) y en esa pescera ver cómo hacían maromas y cosas graciosas o dignas de tomar apuntes como una granja de hormigas.

Falta ver más series de tv o leer reseñas de historia de los Unicornios que comenzaron con una idea romántica, cautivadora, y luego, la presión, el ego, la avaricia, los terminaron llevando a seguir en ese escenario imaginario bajo un manto de mentiras y engaños que terminó destruyendo la confianza del mundo de inversiones de capital de riesgo.

Les recomiendo las siguientes narrativas: The Dropout: detrás del desastre de Theranos. Super Pumped — con relación a UBER, We Crashed — para ver we work. Y así muchas historias, todas de la vida real en donde vemos emprendimientos prometedores, que terminan esforzandose para saltar de ronda en ronda, siempre trabajando a pérdidas con el subterfugio de apostar por ganar tracción y con esos números bonitos a los que llamaré métricas de vanidad, lograr la siguiente ronda, pero olvidando desde los inicios, la búsqueda real de la rentabilidad de dicho negocio.

startups camello

¿Qué son las startups camello?

 

Allí, donde unicornios antes codiciados han perdido brillo (y millones), otros exponentes comienzan a asomar en la fauna emprendedora en momentos en que la abundancia llega a su fin: las empresas “camello”, con jorobas cargadas de reservas, aparecen como una opción a los ojos de inversores que prefieren atravesar la crisis con mayor seguridad y sin tanto vértigo. En paralelo, crecen los sectores fortalecidos por necesidades ahora exacerbadas, como las tecnologías de salud y educación remota, mientras el índice de mayor componente tecnológico toca récords en Wall Street.

¿Será, como dicen, una nueva normalidad para la comunidad emprendedora? Aunque es claro que el futuro inmediato está lejos de lo conocido, las preguntas aún son demasiadas como para tener respuestas concluyentes.

Si habrá un antes y un después para las startups; o si un nuevo paradigma cambiará el apetito de los inversores de riesgo, son posibilidades inciertas. Pero, como desde la ventana después del temporal, podemos dar vistazo para ver cuál es el panorama.

Modelo desdibujado

 

Cuando se despertó el apocalipsis como suelo referirme a la pandemia del covid-19, ya pesaban desde hacía tiempo cuestionamientos sobre ese ecosistema modelo. Con el encanto roto y una situación excepcional, algunos se cuestionan si seguirá siendo el semillero de gigantes o si incluso conservará su atracción de talento como centro geográfico de las disrupciones, luego de la prueba de teletrabajo a gran escala que representó la pandemia.

Antes del confinamiento por la expansión del virus en el país más afectado del mundo, hubo desilusión en esperados estrenos de compañías tecnológicas en Wall Street, como Uber y Lyft. Y se registró un colapso resonante como pocos en la promisoria WeWork, cuya valuación pasó de 47.000 millones de dólares a inicios de 2019, a 2.900 poco más de un año después.

Eso puso tal vez “un límite para el optimismo vertiginoso que durante mucho tiempo infló las valuaciones y los egos de las startups”, describió el Wall Street Journal. Algunas de estas compañías, sin ganancias o modelos sustentables, y vulnerables ante eventuales regulaciones.

A eso se suman crecientes escándalos sobre la privacidad, los discursos de odio y la interferencia política, sobre todo en redes sociales.

Rosa Jiménez Cano, jefa de relaciones en el ecosistema de la aceleradora e incubadora TheVentureCity, con oficinas en Miami, Madrid, San Francisco y Sao Paulo, vislumbra una evolución: “Silicon Valley ha sido ejemplo de muchos aspectos, no todos buenos”, pero “está en cambio constante; no es algo que está labrado en piedra, sino que su magia es su capacidad de repensar todo y volver a inventarlo de nuevo”, describe quien fuera corresponsal en español en el área, para el diario El País.

Camellos vs Unicornios

Después de los últimos meses, al parecer, los unicornios tendrán cada vez más compañía de otras especies. “En el ecosistema conviven diferentes criaturas. Se trata de encontrar equilibrio y fórmulas para trabajar juntos”, dice Jiménez Cano.

Ante la recesión y la sequía resultante, varias voces en el ecosistema afirman que las startups tecnológicas tienen que aspirar ahora a ser camellos, en lugar de unicornios. El concepto fue impulsado por el académico e inversor Alex Lazarow, quien describió la caída de Silicon Valley, especialmente desde 2017, y profesa que la startups deben ser capaces de atravesar exitosamente el desierto.

Según escribió Matthew Cowan, socio de Next47 -una firma de venture capital de Siemens instalada en Pekín, Múnich, Palo Alto, París, Estocolmo y Tel Aviv-, “una serie de IPOs recientemente fallidas levantó una bandera roja sobre los míticos unicornios. Luego comenzaron las preocupaciones sobre el impacto de la covid-19 y esas banderas rojas se convirtieron en alarmas para muchas nuevas empresas, al darse cuenta de que el enfoque modelado por muchos unicornios sería insostenible en este entorno”.

Los unicornios, pronostica, volverán a convertirse en mitos para dar paso a los camellos. Con el golpe de la pandemia, “los VCs continuarán buscando la próxima gran startup, pero va a ser más difícil asegurar fondos”, añade. Por eso, recomienda adoptar una mentalidad de camello, y define sus características:

  • Resiliencia: con una preparación para el futuro basada en un crecimiento reflexivo y estratégico;
  • Cautela: con reservas para los tiempos difíciles y que se repongan durante la bonanza. Son financieramente conservadores, cuentan con un equipo adecuado y se centran en desarrollar la tecnología que revolucionará sus industrias;
  • Compromiso: dedicados a solidificar los fundamentos del negocio y garantizar un éxito a largo plazo;
  • Atención al consumidor: productos adecuados con modelos de negocio en base a necesidades de los clientes.
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¿Cambio de Paradigma?

 

Aunque reconoce que “tiene sentido” este enunciado en el presente, Jiménez Cano advierte que las startups no son pymes. La diferencia más notable es que en el mundo de las segundas, afirma, “growth siempre gana a revenue” (crecimiento le gana a ingresos).

“El revenue se toma como un sensor de un producto que crea interés en el mercado, capaz de generar clientes. En las startups, es clave el MVP (Producto Mínimo Viable), cuya verificación se alcanza por la consecución de usuarios, que no siempre son clientes”, contrasta, poniendo a Facebook como ejemplo.

Por eso, prefiere otro tipo de especie: los “iguanacornios”, que define como “criaturas míticas, con una alta valoración, crecimiento desmedido y capacidad para adaptarse a diferentes situaciones y gran resiliencia”.

Amparo de San José, directora de la red de inversores privados y family offices del IESE, no se atreve a hablar un cambio de paradigma entre los inversores de riesgo. Más bien, distingue entre distintas actitudes en dos escenarios: el de corto plazo y el de largo.

“Lo que podemos intuir en el corto plazo es que inversores como los business angels (Ángeles Inversionistas) han estado más parados, ante una situación patrimonial personal que se puede haber visto afectada. Y family offices cuyos rendimientos del sector inmobiliario, o de inversiones en bolsa, también se pueden haber resentido”, explica sobre dos típicos soportes de compañías en estadios tempranos.

Cuando termine esta etapa de “esperar y ver”, analiza de San José, se verá más claro el ajuste en relación a sus reinversiones o estrategias. Pero por estos días, alerta, el corto plazo es aún más corto que antes.

En el largo, continúa, podrían verse apuesta más conservadoras por parte de ángeles inversionistas, pero no ve claro un giro radical en relación al pasado, tampoco por parte de los fondos de inversión de riesgo. Eso implicaría que desaparezcan los incentivos de un modelo de riesgos con rendimientos que a muchos les han resultado inversiones muy lucrativas.

“Ya ha habido varias crisis y se ve que luego de un tiempo vuelve todo un poco adonde estaba, porque en esos modelos es donde están esos rendimientos”, agrega la especialista de IESE.

Sequía, con desventajas

Tuve la oportunidad de participar el año pasado (2022) en el Congreso Empresarial Colombiano de la ANDI, y uno de los almuerzos fué con un importante miembro de Softbank (no voy a detenerme en su nombre), y dentro de sus comentarios y recomendaciones, dejaba en claro que el mindset actual de los fondos de inversión es el de tener una postura conservadora, un poco hasta castigadora por qué no decirlo, que se erige desafiante para todo aquel emprendedor que desee buscar y logre (más importante que desear) recibir inversión.

Esto abona el camino a que volvamos al romanticismo con el que nacieron nuestros emprendimientos, cuyo foco era ser rentables, lograr el punto de equilibrio o ajustándonos al pensamiento startupsiano el famoso y deseado product-market fit y demuestren más allá de un MVP con tracción de usuarios que no pagan, reales señales de un negocio redituable, en donde hay clientes pagando por lo que se lanzó y que la inversión no tiene un propósito distinto a multiplicar x veces ese crecimiento de manera exponencial, lo que en otro escenario conllevaría más tiempo y hasta dejar pasar la ola de la tendencia.

Y este año (2023) fuimos a Startco, con un spinoff healthtech, y lo que vimos fué un ecosistema nervioso, motivado y resistente, pero no resistente o resiliente a “romperla” en el mercado, sino a lograr por fin el tan anhelado fondeo de capital. Se vale soñar, se vale buscar, pero también se vale trabajar de forma más responsable, la platica principalmente está en los clientes, pongan a bailar esas billeteras.

Veamos las ronda de capital cómo se han comportado para sentar las bases de lo que posiblemente sea, una nueva era de emprendimientos más económica y socialmente responsables, primeramente con los propios dueños, inversores y stakeholders.

vcs startups

“Las primeras rondas, con promesas de rentabilidad a muy largo plazo van a ser mucho más difíciles porque los inversores van a buscar llegar a un modelo con beneficios mucho antes”, dice la especialista de IESE.

¿Camellos?, tal vez.

 

También como resultado directo de la pandemia, los emprendedores perderán fuerza en la puja. “Los inversores podrán negociar valoraciones más bajas y cláusulas más ventajosas”, pronostica de San José, dando por acabada la competición de los aportantes que daba poder de negociación a algunas startups.

Como en toda crisis, habrá oportunidad

 

Jiménez Cano cree que los buscadores de ideas las perseguirán ahora con más ímpetu fuera de los ecosistemas habituales, sea en América Latina, Asia y África, e incluso en ciudades secundarias, como pueden ser Málaga y Valencia en España, o Atlanta en Estados Unidos.

Esa tendencia que ya estaba en marcha, según la especialista de IESE, se acelerará en este contexto.

“Cuando hay cambios sociales, cambios económicos, cambios en hábitos y en maneras de hacer, aparecen oportunidades que están sin atender, y estarán ahí para los emprendedores que las sepan ver”, concluye de San José. Echarse a andar por el camino de los unicornios o por el de los camellos será la cuestión.

Cierro este texto, con un pensamiento muy personal, una respuesta que encontré hace un par de años ante un gran cuestionamiento que me hacía, ¿Por qué no salir a buscar fondeo de capital y estar tranquilo? — Soy único accionista, ya en la actualidad de 3 empresas, que en suma, intentan ser un hub de transformacion digital democratizando el acceso a tecnología para los negocios desde los más pequeños, exportamos a 10 países, generamos 220 empleos dignos, en trabajo remoto (desde 2011, no cómo ciertos humidificadores que hasta libros escribieron en pandemia autoproclamando que descubrieron el teletrabajo), exportamos un poco más de US 7 MM al año y todo comenzó con una hoja de google sheets y una cuenta con crédito skype. Hoy día, sigo siendo el ojeroso y cansado emprendedor de siempre, pero el amo y señor de estas repúblicas independientes. Ahora si: No salimos a buscar capital porque el mejor dinero que le puede ingresar a una empresa es el de sus ventas, la mejor tracción que puede lograr no es regalando nada ni trabajando a pérdidas con el dinero de otros, es destacando con un producto/servicio de calidad que merezca ser comprado porque sencilla y llanamente le genera VALOR a quien lo compra, todo lo demás mis estimados lectores, es un “pajazo mental”