Exportar software desde Bucaramanga: 15 años de lecciones

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Exportar software desde Bucaramanga: 15 años de lecciones

Llevo quince años exportando software desde Bucaramanga. Hoy cerca del 95 % de lo que hacemos se vende fuera de Colombia, a clientes en diez países, entre ellos España. Cuando empecé, la pregunta que más escuchaba era otra: “¿y desde Bucaramanga cómo le van a vender a alguien afuera?”.

La respuesta corta es que se puede. La larga es este artículo: lo que aprendí sobre internacionalizar una empresa tech colombiana sin estar en Bogotá, sin estar en Silicon Valley y sin un presupuesto que lo hiciera fácil. Lo escribo después de ver el caso Saludtech que publicó AIATIC esta semana, porque detrás de un caso así hay una forma de operar que tardó años en construirse.

Exportar no es un evento, es una forma de operar

Mucha gente piensa en exportar como un hito: el primer contrato internacional, la primera factura en dólares. Yo lo viví distinto. El primer cliente de afuera no cambió nada por sí solo. Lo que cambió a la empresa fue acostumbrarse a operar como si cualquier cliente pudiera estar en otro país, en otra zona horaria y bajo otro marco legal.

Eso obliga a cosas muy concretas: contratos claros, entregables documentados, comunicación por escrito que no dependa de que alguien “se acuerde”, y una forma de medir el trabajo que un cliente a miles de kilómetros pueda entender sin tener que llamarte. Son hábitos de operación, no de ventas. Y los hábitos se construyen años antes del primer contrato grande.

Hoy esos números hablan por sí solos: más de 10 millones de dólares exportados y una operación en la que el mercado local es la excepción, no la regla. Pero llegar ahí no fue una decisión de un día. Fue una sucesión de pequeñas decisiones de método que, sumadas, hicieron posible vender fuera sin que el cliente sintiera la distancia.

Tres lecciones de quince años

1. La ubicación importa menos que la confiabilidad

Un cliente en España no compra “software de Bucaramanga”. Compra que lo que prometiste llegue completo, a tiempo y sin sorpresas. Cuando esa confiabilidad se demuestra una y otra vez, el mapa deja de ser un argumento en contra.

Lo que sí pesa es lo contrario: un solo incumplimiento mal manejado se lee como “es por estar allá”, aunque le pase igual a un proveedor de cualquier ciudad. Por eso aprendí a tratar cada entrega internacional con un estándar más alto que el de la entrega local. No porque el cliente de afuera sea más exigente, sino porque tiene menos margen para perdonar lo que no ve.

2. Hay que vender el método, no solo el producto

Desde afuera, un proveedor lejano es un riesgo. La forma de bajar ese riesgo es mostrar el método: cómo se prioriza, cómo se reporta, cómo se corrige cuando algo sale mal. Nuestra metodología por KPIs nació de esa necesidad. Un cliente que ve avance medible duerme tranquilo aunque nunca haya visto la oficina.

Y hay algo que se nota con los años: los clientes que más renuevan no son los que recibieron el mejor producto el primer día, sino los que entendieron mejor cómo trabajamos. El método se vuelve parte de lo que compran.

3. Los reconocimientos abren puertas, pero no cierran contratos

En 2018 recibimos el Premio Nacional de Exportaciones de Analdex y ProColombia, y la Marca Colombia hace parte de esa historia. Ayuda: le da contexto a un interlocutor que no te conoce y baja la barrera de la primera conversación. Pero el contrato se cierra en el paso siguiente, el de demostrar que el método funciona. El premio te consigue la reunión; la operación consigue la renovación.

Lo que haría distinto si empezara hoy

Si hoy arrancara una empresa tech en una ciudad intermedia con la idea de vender afuera, haría tres cosas desde el primer mes. Primero, escribiría todo: procesos, decisiones, acuerdos con clientes. La documentación es lo que permite que un equipo en Bucaramanga se sienta tan cercano como uno en la misma oficina del cliente.

Segundo, elegiría un mercado a la vez y lo trabajaría hasta entenderlo bien, en lugar de abrir cinco frentes. Cada país tiene su propia manera de contratar, de pagar y de esperar resultados. Dominar uno enseña más que tocar cinco por encima, y esa experiencia se transfiere al siguiente.

Tercero, mediría desde el principio. No para presumir, sino porque los números son el idioma común cuando el cliente y el equipo no comparten ni país ni horario. Un tablero claro evita más malentendidos que cualquier reunión.

Las regiones también exportan

Hay un prejuicio persistente según el cual las empresas que exportan tecnología viven en las capitales. Mi experiencia dice lo contrario: operar desde una ciudad intermedia obliga a ser más disciplinado, porque no puedes apoyarte en la cercanía ni en el ecosistema de siempre. Todo lo que no está escrito, medido o acordado se nota rápido.

Esa disciplina, que al principio parece una desventaja, termina siendo el activo más exportable que tenemos. No exportamos solo código: exportamos una forma de trabajar que un cliente de otro país puede entender, auditar y confiar. Y esa forma de trabajar se puede aprender en cualquier ciudad.

La tesis, en una línea

Exportar software desde una ciudad intermedia no depende de dónde estés, sino de qué tan bien puedas demostrar que lo que haces funciona, sin que el cliente tenga que venir a verlo.

Sigo escribiendo sobre esto y sobre lo que aprendo dirigiendo un portafolio de marcas tech desde Bucaramanga. Si te sirve, sígueme en LinkedIn. Y si estás pensando en llevar tu empresa a otros mercados, escríbeme y lo conversamos.

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En LatAm no nos falta talento. Nos faltan sistemas que lo multipliquen. Y la diferencia se ve en un dato que me tocó mirar de cerca.

Este año operamos los contenidos de seis marcas con el mismo equipo de siempre. En agosto programamos veinte piezas y salieron veinte. No contratamos a nadie. No apareció gente más talentosa. Lo único que cambió fue el sistema: un tablero como única fuente de verdad, un brief que no admite dos lecturas, una compuerta humana antes de publicar y una regla de archivo que no se negocia.

Ese es el contraste que me inquieta. El mismo talento, con sistema, rinde varias veces más. Sin sistema, rinde lo que alcanza a coordinar por chat.

Llevo años viendo lo mismo en empresas de la región, incluidas las nuestras: gente muy buena compensando con horas y con reuniones lo que un proceso escrito resolvería en una página. Llamamos «cultura de esfuerzo» a lo que muchas veces es ausencia de diseño.

Lo que no exporta LatAm no es capacidad. Es método. Y el método no se compra en una licencia: se escribe, se prueba, se rompe y se vuelve a escribir. El nuestro cambió nueve veces en un mes, y ninguna versión salió de una idea brillante. Todas salieron de algo que falló.

Por eso me cuesta creer en la brecha de talento. Cuando veo un equipo que no avanza, casi nunca encuentro personas que no saben. Encuentro personas que no tienen dónde apoyarse: sin criterio de terminado, sin fuente de verdad, sin nadie que diga «esto no sale hasta que alguien lo apruebe».

La competitividad de la región se va a decidir menos por a quién contratamos y más por qué sistemas les damos a los que ya están.

¿En tu empresa, o en tu país, cuál es la primera pieza de sistema que falta —no de talento— para que la gente que ya tienes rinda como puede?

#Competitividad #LatAm #Innovacion

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Delegué la operación de contenidos de seis marcas a un equipo de agentes de IA. Llevo un mes dirigiéndola. Esta es la bitácora honesta, no el caso de éxito.

**Dónde falló.**

No falló escribiendo. Falló archivando.

Hubo días en que di por entregadas piezas que nunca llegaron al disco: el agente ejecutaba, el sistema respondía «listo», y el archivo no estaba en la carpeta. Nadie mintió; simplemente nadie miró. De ahí salió la regla más útil que tenemos hoy: nada se reporta como hecho sin abrir la carpeta y verlo. Verificar, no confiar.

El segundo fallo fue mío. Cada entregable flojo se rastreó hasta un brief ambiguo que yo había escrito. El modelo no adivina el objetivo de negocio: lo hereda del ticket.

**Dónde me sorprendió.**

En la consistencia. Una persona cansada a las 6 p.m. entrega distinto que a las 9 a.m. El agente no. La calidad dejó de depender del día que estuviera teniendo el equipo.

Y en algo que no buscaba: para instruir a una máquina tuve que escribir criterios que llevaba diez años teniendo en la cabeza sin poner en papel. Documentar la operación para un agente la volvió, de paso, enseñable a una persona nueva.

**Por qué la gobernanza pesa más que la automatización.**

Un agente rápido sin compuerta no es productividad: es exposición. El valor no apareció al producir más piezas, sino al poder responder de cada una — quién la pidió, con qué objetivo, quién la aprobó.

Sigo aprobando todo a mano. No por desconfianza en el sistema. Porque ese es exactamente el punto donde mi criterio todavía vale algo.

¿Qué parte de tu operación automatizarías hoy si el primer paso fuera escribir, con precisión, cómo la haces?

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20 de octubre de 2022. Un día antes de cumplir 38 años de vida. 

Mi hija en ese entonces con 12 años me acompañó con mi papá y mi novia y algunas personas de mi equipo.

y Ganamos esa noche el #premio #InnovadoresdeSantander con @Ai3lab en la categoría de ciencia y tecnología.

Lo más emotivo de la noche: Que mi primer gran orgullo que es ser papá, estuviera reconociendo mi segundo gran orgullo que es ser emprendedor e innovador.

Mi papá también dió unas palabras, pero con él la situación no es tan sencilla.

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Paco mi perro luchador 

El monumento a la resiliencia y fortaleza que viene del alma, no del cuerpo.

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Bueno, vote por el que quiera, pero vote y deje votar a los demás e igual libertad.

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Una máxima para hoy. Venir de paso y hacer poco es triste para el milagro que somos.

#reflexionando

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Hace un par de años, casi me rasgaba las vestiduras para que mis colegas del Clúster TI de Santander, siendo parte del comité estratégico, impulsaramos iniciativas macro, como tener un ecosistema basado en blockchain que permitiera gestionar ecosistemas naturales.

Nadie quiso, ni intentar tocar las puertas del BID u otros organismos para sacar adelante este tipo de cosas. 

Pero el que es terco es terco, y gracias a Dios lo soy, y nunca reparto mis propias utilidades (porque soy único accionista) no sólo logré con @aiaticom y @ai3lab construir el producto, sino ampliarlo y ojalá en el futuro cercano sea el agro colombiano el que se sofistique con vehículos de transformación digital como éstos.

Sigan su corazón.

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Hoy volví a hacer algo de trabajo en compañía de mi papá.

11 años atrás trabajó conmigo en 5 proyectos durante 6 meses y hoy conversábamos de todas las anécdotas en esos proyectos.

Da mucha alegría.

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11 años tienen estas fotos.
5 Conjuntos residenciales al tiempo, más de 75 cámaras IP que para la época era un hito en el sector residencial.
#aiatic #integradores #seguridadelectronica 
Y aquí seguimos

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Hoy fui #panelista en el #Congreso Internacional de #Mecatronica de la Universidad Santotomas.

Hablar de emprender, de superar el valle de la muerte de las empresas, de como el ecosistema empuja a la comunidad y las cosas pendientes en la región ha sido grato.

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Espero, sea de utilidad. 
#Emprendiendo

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