El sentido de la Navidad - Juan Carlos Abaunza
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Navidad

El sentido de la Navidad

Estamos en una de las épocas del año más emocionante del significado de la Cristiandad, el nacimiento de nuestro señor Jesucristo. Sin embargo, en los últimos tiempos, las fiestas navideñas han tomado un significado más comercial y menos religioso.

Cuando uno ve a su alrededor y observa el ambiente de este mes, respira un clima de celebración, de fiesta, de alegría; pero a veces parece que nos hemos quedado solo con la envoltura y relegado un poco el verdadero sentido de este tiempo.

¿Qué es lo que realmente celebramos? ¿Cuál es el motivo de nuestra alegría y de hacer fiesta? Si bien la respuesta “correcta” es: “el Nacimiento del Niño Dios”, no cabe duda de que muchas veces nos vemos envueltos en la vorágine de muchas actividades de fin de año y al final tenemos poco tiempo para pensar en el sentido profundo de lo que estamos viviendo.

De toda mi formación religiosa y espiritual lo que se quedó impreso en mi mente acerca de la razón de ser de Jesús es la siguiente: Dios viendo que desde el principio el hombre tenía un afán incansable de “ser como Dios” ya que fuimos creados a su imagen y semejanza que éste último olvidó cuál era el propósito de su existencia, ahí aparece Jesús, el hijo de Dios hecho hombre para un razón tan simple que no acabamos de entender de manera simple: Dios se hizo hombre y vivió como el más humano de los hombres para explicar de forma práctica al hombre que no necesitaba querer ser Dios, sino por el contrario ser más humano.

Ese ser más humano va desde entendernos como seres imperfectos, iguales y pecadores con derecho a elegir, equivocarnos, aprender y arrepentirnos.

Si vemos Jesús como muchos líderes de nuestra historia fué un líder y un revolucionario que de pronto no fué entendido en su esencia, sin embargo nos dejó un legado muy importante.

La Navidad se celebra en todas partes del mundo aunque con costumbres y rituales diferentes, pero a estas diversas maneras de conmemorar la fecha nos une la celebración del nacimiento de Jesús hijo de Dios.

Diciembre es una época del año a la cual llegamos extenuados del tren que fué el año completo, agotados y con ciertos sentimientos encontrados de lo que fué positivo, de lo que no tanto y de lo que ni siquiera alcanzó a ser.

Lo importante de todo esto radica en que propendemos cambios, impulsamos nuestros deseos más fervorosos, nos reconciliamos con muchas cosas en medio de las celebraciones. Lastimosamente se viene perdiendo la importancia de reunirnos con nuestros seres queridos, pensando más en los regalos o en la posibilidad o no, económicamente hablando de adquirirlos. Pero más importante que el regalo en congregarnos con esa esperanza que representa esta nueva etapa, en donde esa luz representada por el niño Dios se convierte en el aliciente para programar con alegría el siguiente año convencidos que será mejor que el anterior no sin antes dar gracias por el que está terminando.

Estoy convencido que sin importar el credo, lugar del mundo o tipo de persona que eres, estas fechas nos envuelven en nostalgias, mucho amor y una ilusión intangible de que todo estará bien.

No desaproveches este momento en cosas vanales como pensar en el trago o la cena, o en aparentar frente al público o en la ropa que estrenarás, llena más el alma el escoger con quién compartir el momento y ser feliz así sea una noche, una llena de calidez humana que nos recuerde que somos humanos y no necesitamos ser dioses para ser felices.