Celebrar el cumpleaños? - Juan Carlos Abaunza
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Cumpleaños

Celebrar el cumpleaños?

Mi forma de pensar acerca del día en que se celebra el cumpleaños es algo mezquina dirán algunos, amargada dirán otros, pero es la mía, y solo pienso así de mi propio cumpleaños.

Amo profundamente la vida, por eso trato de vivirla intensamente, con todas sus facetas, escenarios y demás. Es por esto que considero la idea de celebrar uno, de los 365 días que tarda una vuelta al sol y conmemora nuestro natalicio como una tontería, más, si le añado a esto mi concepto de la sociedad y de sus costumbres pendejas, es para mi algo absurdo, cuando la vida se debería celebrar cada día, eso, celebrarla cada día, leíste bien, de eso se trata no? de agradecer de esa manera y celebrar día a día que seguimos aquí, que estamos vivos y que la vida vale la pena vivirla.

En ese orden de ideas puedo explicar abiertamente que odio las celebraciones propias de cumpleaños, me gusta asistir a las de mis allegados y celebrar lo mejor que puedo las de mis seres queridos, pero otro cuento son las celebraciones propias, mi terapeuta dirá, que es el rechazo a sentirme olvidado o abandonado como ocurría cuando era pequeño y si las anhelaba, y pese a ser un “niño 10”, mis padres nunca se manifestaron de la mejor manera en este sentido.

Con la escasa madurez que me acompaña en estos 36 años de vida, el análisis va por otro lado, creo que no debemos desperdiciar un día de nuestra vida, el más importante del año en lo personal, en festejos y desordenes, en agasajos y desconcentraciones de lo importante. Creo firmemente que ese día se debe trabajar más duro, celebrando y agradeciendo ese regalo, que, junto al hecho de estar vivos, es el segundo hecho más importante, poder trabajar, ser capaz de producir. Entonces, eso es lo que acontece en mi extraña y peculiar psique, no me gustan los cumpleaños propios, no me gusta que me visiten ese día, casi ni contesto las llamadas y realmente disfruto mucho ese día estar en compañía de mi hija y ya, nada más que eso, con eso es suficiente.

Realmente merece la pena celebrarlo?

Las personas que me conocen y tratan podrán ratificar que no soy para nada negativo, ni amargado, tengo un temperamento fuerte y me enojo cada 5 minutos con una facilidad casi cuántica, pero no soy tóxico, me precio de ser una persona con una energía increíble (lo sé, sonó sobrado, pero qué le hacemos, es la cruel verdad) y parte de esa energía y de buena vibra los demás la sienten sólo con mi presencia. Es por esto que hago mención al tema, no descalifico el hecho de parecerme pretencioso el celebrar el día en que uno nace como si fuese la gran cosa, o como si fuésemos elementos esenciales para el planeta. Sin temor a equivocarme, entre más rimbombante es el cumpleaños, más parásito es el cumpleañero, en términos del legado al planeta.

Por eso es bueno cuestionarse, merece la pena celebrarlo? – >Claro, dirán algunos, con el acertado argumento de permitirle a los seres queridos demostrar cuánto nos quieren, – A lo que tengo que responder: Error, nuestros seres queridos, si en verdad nos quieren, simplemente nos demuestran ese afecto cada que puedan, no una vez cada 365 días… y lo digo porque veo muchos casos reales en que esto ocurre.

Para mi nada humilde opinión, mi propio cumpleaños es un día como cualquier otro de los que componen el año, que merece ser aprovechado como se debe, y que, si bien es cierto, es bonito celebrar la vida, no tenemos que esperar a esa fecha especial para hacerlo, de por si, soy de los que no estrena el 24 o 31 de diciembre, estreno cuando puedo hacerlo, y obvio, cuando quiero. Así debería ser la vida, un sinfín de momentos y celebraciones de la vida, de agradecimiento por tenerla y de manifestaciones de cariño de quienes nos acompañan en este mundo.

Lo que realmente importa

Pienso que, al igual como lo hacemos sobre el final del año, deberíamos enfocar nuestra energía vital el día de nuestro cumpleaños a hacer un balance, pero uno bueno, uno de verdad, uno privado, con total transparencia, para darnos cuenta en qué nos hemos venido convirtiendo a lo largo de los años, qué cosas no hemos logrado o querido mejorar, qué virtudes nos siguen acompañando y que chispa se nos apagó.

Ese día tan importante para muchos, es la ocasión perfecta para darnos palo y besos al mismo tiempo, de sentirnos orgullosos y felices, y a la vez, melancólicos, jodidamente tristes y arrepentidos, entre otras cosas. Por qué? porque si no paramos y nos inclinamos a amarrarnos fuerte los cordones de nuestros zapatos, para tomar impulso de nuevo y correr con más fuerza esa nueva vuelta al sol, esa nueva oportunidad que Dios nos da para hacerlo mejor, ese debería ser el racero de la evolución como individuo.

Para finalizar, abramos las puertas

Durante este último año de vida, 10 de los 12 meses pertenecientes a este peculiar 2020 me han traído muchas experiencias significativas, podría aburrirlos con un wiki sin fin de ellas, pero las resumiré lo mejor que pueda:

Viajé por primera vez a España, luego de 2 intentos fallidos, a las puertas de una pandemia que cambió el rumbo del año, allá estaba, y taché de la lista de cosas por hacer (de mi lista personal de 10 cosas antes de morir) una de ellas que era visitar el estadio del equipo de mis amores, El Camp Nou del FC Barcelona.

Logré constituir una empresa con una década en el mercado + 2 filiales, una en el exterior y otra local, gracias a la pandemia (debo aceptarlo junto con que para nada me alegra) crecimos un 45% en todo, y la crisis global ratificó mi modelo de negocio con un triunfante “La idea del loco no era tan loca”

Seguí viendo crecer de cerca a mi hija, la negrita con sus 10 años y casi metro sesenta es mi principal orgullo, mi única motivación de dar hasta el tuétano de mis huesos en las batallas que libro para ser cada día mejor persona.

Conocí gente nueva, le dejé de hablar a otra tanta, lo de siempre.

Entendí a varios clientes como personas, y entendí también lo mucho que dista el factor de necesidad de mi o mi empresa, de un verdadero sentido de “amistad” que muchas veces intentaron venderme. Esto desprendió en alejarme de algunos, y acercarme a otros.

Me tatué por primera vez, y no un nombre o una palabra rebuscada como los bobos, no, me tatué un brazo entero desde la muñeca hasta la axila y hombro. Esto es una manga de puta madre y una experiencia muy brutal en todo sentido, y esto me ha cambiado el look de manera interesante e imponente. Por cierto, conté con el permiso de mi hija, del resto no me importa mucho si les gusta o no. Pero mi brazote malototote quedó como quería.

Superados algunos asuntos me compré un medio de transporte, bueno, 2 de una vez, porque así soy, un poco raro, y si vamos a hacer las cosas las hacemos al fondo, me compré dos motos que recién he logrado usar debido a la cuarentena, pero es cool sentir que comencé una colección en mi garaje que no sé qué mas tendrá, pero seguro tendrá más cositas.

Me conocí como persona un poco más, aprendí de mi mismo algunas cosas y superé otras tantas, encontré algunas debilidades que no sabía que me agobiaban, me fortalecí mental y espiritualmente y estoy en proceso de hacerlo con mi cuerpo.

En realidad ha sido un buen año, me siento muy contento de lo vivido y listo para un nuevo año de vida, para otra vuelta al sol, seguramente llena de aventuras, de gozos y dolores, como siempre, como humanos, con la convicción de que un mar calma nunca hizo a un buen marinero y el caos me gusta por eso, porque edifica, porque construye una sabiduría y fortaleza que a mis 36 años es interesante para quienes me conocen, porque a leguas se nota, que no he venido a este mundo a robar aire y ya, que claramente he sabido aprovechar hasta el más insignifante aliento y segundo y (volviendo a mi energía) es mi mayor tesoro, esa resiliencia y energía interminable para seguir afrontando con coraje y empuje lo que se venga, sea una crisis, sea una persecución de la DIAN, una tusa amorosa, un problema de salud o convertirnos en un unicornio colombiano, el primero que surja sin pasar por encima de quienes hacen parte de él…. NO lo sé, solo sé, que la vida se celebra todos los días.