Un robot podría acabar con nuestra dependencia de los herbicidas

Un robot podría acabar con nuestra dependencia de los herbicidas

Su capacidad de reconocer automáticamente las malas hierbas y aplicar microdosis de herbicida permite a estos dispositivos consumir hasta 20 veces menos químicos que los sistemas de pulverización convencionales.

Una empresa suiza llamada ecoRobotix ha anunciado en los últimos días su gran contribución a la agricultura automatizada: un robot con forma de mesa móvil capaz de eliminar las malas hierbas. Posiblemente, así dicho, no parezca una aportación muy ambiciosa ni revolucionaria, pero sus creadores están convencidos de que puede cambiar el modo en que los humanos modernos practicamos la agricultura.

Hoy en día, en todo el mundo se gastan aproximadamente 26.000 millones de dólares en herbicidas. Estos productos se pulverizan de manera indiscriminada sobre los cultivos, que en algunos casos han sido genéticamente modificados (o, al menos, seleccionados artificialmente) para resistir mejor dichos productos químicos. El problema es que suelen ser las mismas compañías multinacionales las que están detrás tanto de los químicos como de las semillas: Sygenta, DowDuPont, Bayer, etc. Pero el desbrozador de ecoRobotix promete socavar el negocio agroquímico recurriendo a la pulverización de precisión.

La idea es que el robot, que estaría alimentado por una serie de paneles solares, navegue libremente por el campo haciendo uso de tecnología GPS (aunque también puede ser operado manualmente a través un smartphone). Una cámara montada sobre un apéndice extensible le permitirá buscar por el suelo y distinguir (haciendo uso de inteligencia artificial) la maleza de los cultivos, para saber cuándo y dónde es necesario rociar microdosis de herbicida.

Esta funcionalidad permite a estos dispositivos consumir hasta 20 veces menos herbicida que los sistemas de pulverización convencionales. Esta compañía no es, sin embargo, la única que apuesta por la pulverización de precisión. Blue River, una startup con sede en Silicon Valley, ya ha desarrollado otro dispositivo con el mismo fin (identificación automática de malas hierbas y aplicación de microdosis de herbicidas), destinado a su uso en tractores.

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En LatAm no nos falta talento. Nos faltan sistemas que lo multipliquen. Y la diferencia se ve en un dato que me tocó mirar de cerca.

Este año operamos los contenidos de seis marcas con el mismo equipo de siempre. En agosto programamos veinte piezas y salieron veinte. No contratamos a nadie. No apareció gente más talentosa. Lo único que cambió fue el sistema: un tablero como única fuente de verdad, un brief que no admite dos lecturas, una compuerta humana antes de publicar y una regla de archivo que no se negocia.

Ese es el contraste que me inquieta. El mismo talento, con sistema, rinde varias veces más. Sin sistema, rinde lo que alcanza a coordinar por chat.

Llevo años viendo lo mismo en empresas de la región, incluidas las nuestras: gente muy buena compensando con horas y con reuniones lo que un proceso escrito resolvería en una página. Llamamos «cultura de esfuerzo» a lo que muchas veces es ausencia de diseño.

Lo que no exporta LatAm no es capacidad. Es método. Y el método no se compra en una licencia: se escribe, se prueba, se rompe y se vuelve a escribir. El nuestro cambió nueve veces en un mes, y ninguna versión salió de una idea brillante. Todas salieron de algo que falló.

Por eso me cuesta creer en la brecha de talento. Cuando veo un equipo que no avanza, casi nunca encuentro personas que no saben. Encuentro personas que no tienen dónde apoyarse: sin criterio de terminado, sin fuente de verdad, sin nadie que diga «esto no sale hasta que alguien lo apruebe».

La competitividad de la región se va a decidir menos por a quién contratamos y más por qué sistemas les damos a los que ya están.

¿En tu empresa, o en tu país, cuál es la primera pieza de sistema que falta —no de talento— para que la gente que ya tienes rinda como puede?

#Competitividad #LatAm #Innovacion

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Delegué la operación de contenidos de seis marcas a un equipo de agentes de IA. Llevo un mes dirigiéndola. Esta es la bitácora honesta, no el caso de éxito.

**Dónde falló.**

No falló escribiendo. Falló archivando.

Hubo días en que di por entregadas piezas que nunca llegaron al disco: el agente ejecutaba, el sistema respondía «listo», y el archivo no estaba en la carpeta. Nadie mintió; simplemente nadie miró. De ahí salió la regla más útil que tenemos hoy: nada se reporta como hecho sin abrir la carpeta y verlo. Verificar, no confiar.

El segundo fallo fue mío. Cada entregable flojo se rastreó hasta un brief ambiguo que yo había escrito. El modelo no adivina el objetivo de negocio: lo hereda del ticket.

**Dónde me sorprendió.**

En la consistencia. Una persona cansada a las 6 p.m. entrega distinto que a las 9 a.m. El agente no. La calidad dejó de depender del día que estuviera teniendo el equipo.

Y en algo que no buscaba: para instruir a una máquina tuve que escribir criterios que llevaba diez años teniendo en la cabeza sin poner en papel. Documentar la operación para un agente la volvió, de paso, enseñable a una persona nueva.

**Por qué la gobernanza pesa más que la automatización.**

Un agente rápido sin compuerta no es productividad: es exposición. El valor no apareció al producir más piezas, sino al poder responder de cada una — quién la pidió, con qué objetivo, quién la aprobó.

Sigo aprobando todo a mano. No por desconfianza en el sistema. Porque ese es exactamente el punto donde mi criterio todavía vale algo.

¿Qué parte de tu operación automatizarías hoy si el primer paso fuera escribir, con precisión, cómo la haces?

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20 de octubre de 2022. Un día antes de cumplir 38 años de vida. 

Mi hija en ese entonces con 12 años me acompañó con mi papá y mi novia y algunas personas de mi equipo.

y Ganamos esa noche el #premio #InnovadoresdeSantander con @Ai3lab en la categoría de ciencia y tecnología.

Lo más emotivo de la noche: Que mi primer gran orgullo que es ser papá, estuviera reconociendo mi segundo gran orgullo que es ser emprendedor e innovador.

Mi papá también dió unas palabras, pero con él la situación no es tan sencilla.

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Paco mi perro luchador 

El monumento a la resiliencia y fortaleza que viene del alma, no del cuerpo.

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Bueno, vote por el que quiera, pero vote y deje votar a los demás e igual libertad.

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Una máxima para hoy. Venir de paso y hacer poco es triste para el milagro que somos.

#reflexionando

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Hace un par de años, casi me rasgaba las vestiduras para que mis colegas del Clúster TI de Santander, siendo parte del comité estratégico, impulsaramos iniciativas macro, como tener un ecosistema basado en blockchain que permitiera gestionar ecosistemas naturales.

Nadie quiso, ni intentar tocar las puertas del BID u otros organismos para sacar adelante este tipo de cosas. 

Pero el que es terco es terco, y gracias a Dios lo soy, y nunca reparto mis propias utilidades (porque soy único accionista) no sólo logré con @aiaticom y @ai3lab construir el producto, sino ampliarlo y ojalá en el futuro cercano sea el agro colombiano el que se sofistique con vehículos de transformación digital como éstos.

Sigan su corazón.

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Hoy volví a hacer algo de trabajo en compañía de mi papá.

11 años atrás trabajó conmigo en 5 proyectos durante 6 meses y hoy conversábamos de todas las anécdotas en esos proyectos.

Da mucha alegría.

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11 años tienen estas fotos.
5 Conjuntos residenciales al tiempo, más de 75 cámaras IP que para la época era un hito en el sector residencial.
#aiatic #integradores #seguridadelectronica 
Y aquí seguimos

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Hoy fui #panelista en el #Congreso Internacional de #Mecatronica de la Universidad Santotomas.

Hablar de emprender, de superar el valle de la muerte de las empresas, de como el ecosistema empuja a la comunidad y las cosas pendientes en la región ha sido grato.

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Espero, sea de utilidad. 
#Emprendiendo

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