La vida que elegí vivir - Juan Carlos Abaunza
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La vida que elegí vivir

Debo iniciar este post contando cómo veo mi propia vida, la cual en verdad es la única que debo revisar. Por mi personalidad ambiciosa y emprendedora siempre va estar agitada, llena de retos, intranquila de cierta forma sin que esto me robe la alegría de seguir. Siempre digo que no me siento mejor ni más que nadie, por el contrario, el único juicio de valor que hago sobre los demás es el de ver cómo desperdician sus capacidades y me da dolor ajeno y un poco de rabia. No obstante de lo que observo de los demás aprendo y procuro no cometer esos errores.

Mi vida = una aventura que sólo acabará el día en que muera. Y es curioso que siempre que pienso en vida llega la muerte. Una amiga hace varios años me dijo: “Juan estás obsesionado con la muerte” – Pero resulta que no, he tenido una salud igual de rara a mi, y esto me ha hecho reflexionar en varios apartes de mis 33 años qué sería si dejara de existir.

En los momentos agobiantes razono sobre elegir otro camino más sencillo, más relajado, a veces entre lágrimas siento que quiero abandonar y bajar carga de mi espalda pero algo siempre me detiene, ya sea la misma idea que siempre me ronda la cabeza: “Si eres capaz por qué no hacerlo? – Nadie más lo hará como yo” y sigo… O aparece en mi mente el claro recuerdo de mi hija y de inmediato me recargo y salgo de la crisis, o simplemente ocurre algo externo que me llama a continuar.

Visto de otra forma una vida tranquila sería completamente distinta, tendría esposa (aunque esto a veces es más vertiginoso que estar solo), una sola mascota y un trabajo de 8 horas estable que me brinde lo que tanto ansía la gente como es el dinero y ya… envejecer y morir. Pero no le encuentro absolutamente nada de sazón a mi mente que entre otras es un ente extraño que no se puede quedar calmo y siempre quiere más conocimiento, experiencias y que los ojos vean cada vez más.

Como no somos perfectos lógicamente cometo errores a diario, en ocasiones puedo lastimar a alguien sin siquiera pensarlo, pienso que decir la verdad en esta era de hipocresías y diplomacia es un acto de revolución, y como tal, ésta va a tener seguidores y contradictores. Tengo otra amiga que me dice que le gusta leer todo lo que escribo, sobretodo cuando estoy enojado porque digo lo que muchos piensan y otros no se atreven.

Y lejos de hacerme lucir como un hombre irreverente pienso que debemos ser parte del sistema y cumplir ciertas normas, pero no conformarnos con un yugo que nos lastima como individuos y como sociedad.

Pero volviendo al tema principal les voy a confesar el por qué me siento orgulloso y enamorado de la vida que elegí pese a todos los sufrimientos, adversidades y demás que he tenido para lograrlo:

  • Soy el mayor de 3 hermanos y provengo de un hogar con papá y mamá casados por la iglesia. Por mi parte tanto en el colegio, la secundaria y la universidad y en la actualidad siempre he destacado por el juicio en mis estudios siendo siempre sobresaliente, pero no porque mis padres lo hubiesen exigido, cuando era un niño sé lo que lo hacía para agradarle a mi padre y éste sintiera orgullo del hijo que tenía. Cuando crecí y entendí que era imposible para el manifestar ese tipo de cosas lo continué haciendo y descubrí que es inherente a mi el querer sobresalir.
  • Mi mamá me maltrató mucho y dicho por ella misma en estos tiempos de manera injustificada, me golpeaba en exceso, me castigaba y lo peor me vociferaba cosas que realmente nadie merece aún si hiciera méritos. Pero esto no me destruyó ni me volvió resentido con ella o con otros, por el contrario bien dicen que el sufrimiento forja carácter, yo pienso que más allá de forjarlo lo revela.
  • Mi papá sufre de trastorno afectivo bipolar, esto nunca ha podido ser manejado porque él no se cuida y nunca comprendió que su salud estaba en sus manos. Para mi esta enfermedad que lo acompaña es su hueco de escape a la realidad cuando ésta se pone pesada, de ahí aprendí que algunas tormentas hay que atravesarlas.
  • Mis hermanos, los adoro pero esperé de pronto más de ellos y hace poco entendí que no podría hacer que vivieran una vida “mejor” en mi concepto si ellos no tomaban las decisiones que de pronto yo tomé – porque volvemos al mismo punto: la cosa es de decisión.
  • No le hablo a casi nadie de mi familia ni voy a reuniones familiares, no por resentido ni mucho menos, a todos los estimo y nadie me debe nada malo, por el contrario les debo mucho, sin embargo la envidia para mi es como el ácido en la cara y no me gusta ir a donde no me siento bien, así de fácil.
  • No tengo pareja, no salgo mucho, recién me estoy recuperando de una dolencia en uno de mis riñones, me la paso con mi hija los fines de semana y así soy feliz.
  • Tengo 6 perros, cosa que es muy criticada pero la energía y alegría que me provocan lo vale, y para nada es un martirio vivir sólo con ellos.
  • Trabajo desde casa y manejo mis horarios como me place, si me quiero echar en cama a ver un partido de fútbol luego lo compenso transnochando.
  • Mi origen es de clase media, más bien baja. Esto lo comento porque en los últimos 8 años de existencia tengo una empresa que logré construir sin socios, ni capital, ni dinero prestado ni nada más que mis ganas, mi vocación y convicción de que podría. Y hoy puedo decir que aunque en ocasiones haya tenido que sentarme a comer galletas de sal con mis perros porque no hay nada más ni para ellos ni para mí, ha valido la pena y ya les digo por qué:

La empresa que fundé en la actualidad cuenta con varias divisiones y marcas que nos permiten tener un portafolio muy completo y envidiable en esta era digital.

Hay 52 personas que llevan dinero a sus hogares gracias al trabajo que realizan conmigo y lo hacen teletrabajando, en contacto con tecnología de vanguardia, con buenos sueldos y haciendo lo que les apasiona. Yo les digo de cariño esclavos, pero finalmente sólo somos esclavos de nuestros sueños y dueños del hambre de más que tenemos.

Somos de las pocas empresas en el país que tienen el Teletrabajo aplicado. Exportamos nuestros servicios a más de 8 países, somos de los pocos en mi ciudad que se atreven a ser lo suficientemente competitivos para salir a otros mercados.

Lo que era una pyme hace 8 años con un capital de trabajo que me lo dió mi tarjeta de crédito, hoy es una empresa a portas de ser una multinacional con filial en Perú y luego en otras latitudes a las que Dios y el mercado nos hagan llegar.

Y el premio final es sentir el respeto y admiración que se despierta en las personas con las cuales converso porque hay que reconocer que no hay nada más gratificante que hablar con alguien a quien le apasiona lo que hace.

Y para finalizar el cuento de la empresa y retomando una línea anterior de mis orígenes es muy gratificante llegar a sentarme en mesas en donde ni como empleado de pronto hubiese podido, conocer, aprender y relacionarme y sobre todo posicionar la empresa entre los grandes que nacieron con grandes capitales es un honor y un orgullo.

Es de reconocer que no es una vida completa ni perfecta. Soy una persona solitaria pese a socializar digital y físicamente con los demás de manera muy sencilla, pero me hace falta tener un hogar, que mi pareja me ame todos los días y ese brillo en sus ojos sea por mi. Sentirse querido lógicamente siempre va a ser necesario. Pero en esta era de tinder, instagram y muchas cosas vacías es muy complejo encontrar una mujer medianamente loca para subirse a este bus.

A la larga he conocido, aprendido, visitado, comido y bebido lo que he querido y algunas cosas ni siquiera las imaginé.

 

Para finalizar mientras viajo y espero en aeropuertos hago el mismo análisis y llego a la misma conclusión: La vida que escogí vivir me hace sentir muy feliz porque al revisar el transcurrir de mi vida veo cómo siempre he seguido al corazón, el llorar y reír siempre han estado a la orden del día y la devoción hacia la vida es plena, cómo vivo soñando y haciendo realidad esos sueños con cada decisión y con cada acción.

Estoy agradecido con Dios por permitirme disfrutar de la naturaleza, de viajar, por mi familia y unos amigos que así por mi estén distantes siempre los llevo en mis oraciones y mi corazón, una profesión que me apasiona, salud que aunque extraña y abatida en ocasiones me permiten ser un monstruo y resistir, energía para correr y gritar; por conocer personas que me van enseñando a través de sus historias, por sentirme vivo con cada experiencia, por poder aprender de los errores y valorar el pasado, el presente y el futuro…

El día que llegue la hora de morir, sin saber cómo acontecerá lo haré feliz de haberlo logrado. Porque seguir el corazón no es fácil, resulta muy golpeado pero al final del cuento vale la pena.



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