El toro de Picasso que obsesionaba a Steve Jobs encaja a la perfección con la evolución del iPhone - Juan Carlos Abaunza
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El toro de Picasso que obsesionaba a Steve Jobs encaja a la perfección con la evolución del iPhone

Picasso fue uno de los artistas que más influenciaron a Steve Jobs a lo largo de su vida. En concreto, acabó obsesionado por una serie de litografías de toros que el artista malagueño realizó en 1945. Con el iPhone X a punto de cumplir un año entre nosotros, estas obras de arte cobran un nuevo significado que nos acerca al “ideal” de diseño de Jobs, Jony Ive y Apple.

El toro reducido a su esencia

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Los dibujos resultantes de esta técnica de impresión son impresionantes. Cada uno de ellos representa la evolución de una idea que se reduce hasta sus líneas más esenciales. Son 11 litografías que parten de un dibujo completo y van eliminando todo aquello que es superfluo (al final del artículo se encuentran en tamaño completo).

Cada una de ellas representan un toro. Y, al mismo tiempo, ven reducidos los trazos y los detalles sin impedir que reconozcamos en los restantes el ser de este animal. En un reportaje del New York Times publicado hace tres años nos cuentan la importancia de esta obra de arte en la vida de Steve Jobs y cómo se ha incorporado al material que se imparte en la Universidad de Apple. Un empleado que acudió al curso afirmó que:

Recorres las iteraciones hasta que simplemente puedes entregar tu mensaje de una forma muy concisa, lo cual encaja con la marca de Apple y todo lo que hacemos.

La evolución que sufre la idea del animal así como su resultado final son obvios. Por supuesto que son así. Pero como ocurre con este tipo de cosas, todo el mundo acierta la quiniela los lunes.

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El iPhone reducido a su esencia

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Queremos llegar a un punto en el que la solución parece inevitable. ¿Sabes? Piensas “claro que es así, ¿por qué iba a serlo de otra manera?” Parece tan obvio, pero ese sentimiento de inevitabilidad en la solución es realmente difícil de conseguir – Jony Ive.

Hace un año que vimos una nueva litografía en la historia del iPhone. Una que le ha llevado a Apple más de diez años de esfuerzo. Un tiempo considerable comparado con los poco más de 30 días que le llevó a Picasso la reducción del toro a su esencia.

El diseño frontal del iPhone permaneció inalterable, salvo cambios de tamaño, hasta el iPhone 5s. Esta inmutabilidad fue objeto de crítica por algunos seguidores de la tecnología, pero le permitió a Apple crear una identidad reconocible en todo el mundo.

El botón Home cambió para albergar el lector de huellas Touch IDahora en vías de extinción. Abandonó su cuadrado de esquinas redondeadas para pasar a ser plano y con un anillo metálico a su alrededor. Con el iPhone 7 y 7 Plus, dejó de ser físico para integrarse en el cuerpo del teléfono, simulando movimiento gracias al motor táptico de esta generación.

Y diez años después, fuimos testigos del cambio más radical en su diseño frontal. Sin apenas marcos, sin botón Home. Un ordenador de bolsillo reducido a su esencia. Una pantalla en negro, un lienzo sin distracciones que puede convertirse en lo que nosotros (usuarios, desarrolladores, Apple) queremos que sea.



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