Carta abierta a mi hija Valentina - Juan Carlos Abaunza
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Carta abierta a mi hija Valentina

Valentina:

Estas letras he querido dedicarlas para ti mientras duermes con una sonrisa dibujada en tu rostro habiéndome robado mi cama y mi corazón. Tu vida está llena de felicidad y diversión. Amas tus princesas, hadas, caballos poni, los shopkins, dibujar, cantar, bailar, los chocolates, calcomanías, libros y la Dra Juguetes. Me pides mi opinión sobre todo, me pides que te cuente cómo va mi trabajo y que te deje dormir conmigo.

Aunque aún crees en cuentos de hadas, un día me preguntarás por qué tuvimos que separarnos parte del tiempo para compartirte con tu mamá.

Eres lo suficientemente grande como para recordar que alguna vez tu papá vivió contigo como una familia.

Algunas veces parecería ser que esa familia formada por los 3, es sólo una fotografía, un recuerdo y nada más.

Divorciarnos fue desgarrador para tu mamá y para mí. No sólo tuvimos que reconocer que todos los años que invertimos juntos ya no importaban, sin importar cuánto nos esforzáramos.

Sé aunque nunca me lo hayas dicho que una parte de ti, algún día desearía que estuviéramos juntos y te quiero dar las gracias por ser comprensiva con esta situación y haberla asumida con la madurez que aún me falta y que al parecer desde tus 4 años tiempo en el cual nos divorciamos a ti te sobraba, y han pasado más de 2 años y sigues aplomada en este respecto.

Siempre he querido ser un excelente papá que quiere verte siempre feliz, por eso me comprometí a alinear mis metas y objetivos cuando se trate de ti, porque, al final del día, no tengo mejor regalo en mi vida que tú.

Aún estás obsesionada con los cuentos de hadas y todavía crees que el príncipe salva a la princesa en apuros. A medida que crezcas, aprenderás que no eres una mujer en peligro, ni tampoco que tienes que ser salvada por alguien. Mientras tanto, sigue creyendo en los finales felices y los “vivieron felices para siempre”. En esta historia quiero que ese “vivieron felices para siempre” sea el relato de nuestra historia, la de tu papá que te ama inmensamente y tú, mi hija, mi princesita hasta el día en que te vayas siendo una mujer hecha y derecha a vivir tu vida según tu criterio de decisión y que cuando llegue ese día estemos tranquilos que lo harás recordando la educación que te quise dar, viviendo bajo tus reglas sin dañar a nadie y siendo feliz con las pequeñas simples cosas que nos regala la vida a diario.

Nunca deposites tu felicidad en otra persona. Cuando conocí a tu mamá, creía que yo no era una persona digna para ella. Y cuando me eligió, pensé en la suerte que tenía de que alguien así me amara.

Nunca creas que una persona hará tu vida más feliz. Esa felicidad depende únicamente de ti. Construye un camino que te haga sentir satisfecha, que le de alegría a tu mundo, invita a una persona a estar contigo, pero recuerda: puedes retirarle la invitación cuando lo desees.

Protege tu corazón y siempre cree en ti. Y si encuentras a alguien que no comparta tu visión, búscate a alguien que sí lo haga. Esa es la razón fundamental por la cual no estamos juntos con tu mamá y estoy convencido que ha sido el mejor camino.

Algunas veces, quizás, podrás verme llorar, pero está bien. Lo importante es seguir adelante y nunca dejar de creer.

Sentir amor es uno de los regalos más maravillosos que nos da la vida. Una mezcla entre instinto, alma, mente y corazón, que hacen que cuando te miro a los ojos, lo único que quiera es protegerte y darte lo mejor que puedo dar.

Cuando llegaste a mi vida todo cambió. Tenerte cerca ha sido el premio mayor que la vida me ha dado y cuando te alejan de mi es el peor de mis castigos y aún siento que no lo merezco. No hay un momento del día en que no piense en ti, en que te extrañe, en que dé gracias a Dios por tener la posibilidad de decir que ser tu papá me ha llenado de cosas buenas, una montaña rusa de emociones que me hacen sentir amor en cada poro de mi cuerpo.

Quisiera poder regalarte todo lo bueno de este mundo. Quisiera de todo corazón que solo te pasen cosas que te hagan feliz. También sé que la vida está llena de sucesos de los que yo no podré protegerte, pero tienes que saber que al final del día, todo estará bien. Las lágrimas son parte del camino que tienes que vivir para seguir creciendo y yo quiero verte crecer en toda tu dimensión.

Espero estar siempre a tu lado para poder levantarte cuando te tropieces. Cuando te rías tan fuerte que tu carcajada se sienta al otro lado del mundo (como la de tu escandoloso papá). Cuando conozcas el amor y quieras emprender tu vida acompañada. Quiero estar contigo en todo, en lo bueno y en lo malo, y quiero que sepas que cuentas conmigo para eso. Soy tu papá y no hay mayor dicha en mi vida que hacerte saber que estoy aquí para ti, para quererte, para poner mi hombro cuando quieras llorar, para darte un abrazo y para tratar de aconsejarte.

Te quiero tanto que de solo pensarlo me emociono. A veces no sé cómo contener tanto amor. Experimentar la sensación de poder dar hasta la vida por otra persona es algo magnánimo, y me regalaste poder sentirlo por ti. Solo espero haberte criado bien y pensar que lo darás todo por seguir tus ideales, por contribuir en esta vida que te ha visto crecer. A saber agradecer con humildad las cosas buenas que te pasan, a mantenerte siempre creativa, a tratar de alcanzar todos tus objetivos, a pensar siempre en que existe otra persona a la que le afectan tus acciones y a superar con fuerza las adversidades.

Te pido que con los años me vayas teniendo paciencia. Los días no pasan en vano y con el tiempo me olvidaré de algunas cosas, me cansaré un poco más y quién sabe qué destino me espera. Pero siempre seguiré siendo tu papá, sintiendo lo mismo por ti desde el día en que te pusieron en mis brazos, y te acompañaré desde donde quiera que esté.

El mayor de mis orgullos como ser humano es poder afirmar “Valentina es mi hija, es mi todo, es mi mejor obra, el mayor de mis sueños y la más completa de mis alegrías” Estoy por pensar que eres un alien, eres tan perfecta, tan espontanea, tan hermosa como tu mamá por fuera y tan extrañamente peculiar por dentro como tu papá que no le puedo pedir más a Dios acerca de ti.

Quiero que sepas que cada que la vida me tira al suelo con violencia eres la fuerza que me levanta sin titubear a seguir dando batalla. Eres la devoción con la cual me levanto cada mañana a ser mejor, a ser el mejor para ti, para el mundo y quienes lo componen.

No hay alegría más grande que saludarte y te vea sonreir y me abraces con cariño y no hay tristeza más profunda que cuando nos despedimos y tienes esos ojos grandotes llenos de lágrimas al no querer irte, pero los dos debemos entender que necesitas y mereces tiempo con tu mamá.

Con mucho temor de alejarnos sin ser nuestro deseo sólo quiero decirte: TE AMO y siempre voy a estar para ti así sea a la distancia.

 

Tu imperfecto papá.

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